Hace muchos años y aun en algunos pueblos se espera año con año la llegada de la feria, en donde se puede encontrar diversión, buenos eventos y atracciones pero sobre todo era esperada por los lugareños con el ansia de poder adquirir mercancías a un buen precio, algunas locales y otras más llegadas de pueblos vecinos que difícilmente podían estar al alcance de todos de manera regular durante el año.
En este sentido cada feria se convertía en el escaparate ideal para presentar los nuevos productos, tendencias y situaciones que prevalecían por largo tiempo, sin embargo en algún momento de la historia, las ferias dejaron de ser tradicionales y ahora solo se han convertido en el gran negocio de unos pocos, sobre todo del alcohol y el desenfreno.
La feria de Pachuca, no es la excepción, y hoy por hoy el principal atractivo de la expo está ocupado por una amplia extensión en carpas con venta de alcohol y un área aun mayor dedicada a la exposición de productos conocidos como “fayuca”, desde ropa, bisutería y hasta los llamados productos de novedad.
Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece y aplicándolo a la fiesta pachuqueña, quedaría más bien que cada ciudad tienen “la feria que se merece”, sin duda el cartel de artistas resulta atractivo, tanto en el teatro del pueblo, como en el palenque, sin embargo los altos costos que presenta obligan a pensar en si en verdad “vale la pena” en comparación con los servicios que se ofrecen.
Si bien mucho se ha dicho que esta feria es “de los hidalguenses”, bien cabria cuestionar si es que los oriundos o vecinos de Hidalgo, merecen recorrer interminables pasillos de puestos con mercancías que distan mucho de ser de “calidad” y sobre todo de buen precio., o de igual forma, si “todos” los hidalguenses cuentan con la capacidad de pagar 30 pesos de ingreso para después costear los altos precios de productos y servicios como sanitarios, al interior del recinto ferial.
Sin duda el perder el principal objetivo de “diversión” para la población, y sobre poniendo los intereses económicos de unos pocos, por obtener las mayores utilidades de esta feria, distan mucho de un discurso político del gobernador de Hidalgo de ofrecer un espacio de calidad al alcance de todos.
Mejor aún, otras ciudades en Hidalgo, como lo es Tulancingo han puesto el ejemplo con costos más accesibles, eventos de calidad y si bien no es uno de los máximos festejos a nivel nacional, si se perfila como un evento de gran atractivo para la población.
Otros estados como Yucatán, fueron criticados por la presentación de artistas como Shakira, en tanto que en Hidalgo, la discusión se centra en la presentación de artistas internacionales como Chayane, que presentan costos de ingresos que rebasan por mucho el ingreso promedio de los Hidalguenses.
En pocas palabras, hoy Hidalgo presenta una feria “cara”, con pocos atractivos y lejos del grueso de la población, tanto empresarios como visitantes, que encuentran en este espacio pocas alternativas de desarrollo, olvidando por completo el verdadero sentido de una “feria tradicional”.
La ambición y el interés por conseguir los mayores ingresos posibles, han marcado la historia de esta festividad y lo peor de todo, es que como sociedad, nos adaptamos fácilmente a lo que nos ofrecen y lejos de exigir mejores eventos, nos conformamos y consumimos lo que está al alcance, sin recordar que somos nosotros los verdaderos responsables de tener “la feria que nos merecemos”.








